viernes 5 de junio de 2009

Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
el cazador y la jauría cumplen su círculo.
(T.S.Eliot)


Entre los farallones
altivos y rojizos
se hace más evidente
la pequeñez del hombre.

Hombre que mira
bajo el cielo infinito
donde dibujan círculos
el águila y los buitres.

Naturaleza viva
que nos muestra su firma.
Perfiles que asombran
al ojo que contempla.

En este entorno inmenso
de quejigos y robles,
de ríos y sabinas,
el paisaje es un bol
deonde todo nos cabe:

la arenisca,
la piedra,
el trino de los pájaros
y el hombre,

diminuto,
mortal,
que se mira a sí mismo y descubre
ese montón de vida
infinita,
eterna
y desnuda.

viernes 29 de mayo de 2009


Encinta de sol,
colmada de tu barro limpio y firme
vas trasmutando mi cuerpo...
(Delia Quiñónez)

Hunde tus manos
en mis cóncavas formas,
en mis plieques antiguos,
en mis cuencos vacíos.

Encauza las corrientes
fluviales de mi sangre,
palpa las simas,
las cumbres de mi pecho
que se abren a tu paso.

Toca mi vientre
cicatrizado,
la frente en que comienzo,
la fría terminación
de mis pies desnudos.

Que tus manos se tornen
del color de mi barro.

Quédate con mi origen,
mis aceites, mi lumbre,
mi estructura de arcilla.

Modélame de nuevo
-como ese Dios que crea
la vida de la nada-.




jueves 21 de mayo de 2009

Pero no podía ver nada...ya que había dirigido el rayo, como por instinto, exactamente al punto maldito.
(de "El Corazón delator" de Edgar Allan Poe)


Es el rayo esta tarde
quien domina las horas,
esa flecha de fuego
lanzada a los tejados,
al cuerpo de los árboles,
al miedo de los niños.

Es el rayo esta tarde,
esa lanza de luz
que hiere la garganta,
las encías azules
de las nubes hinchadas.

Llora mi corazón
como llora la tierra,
justamente a la par
de esta lluvia a raudales,
de esta tormenta roja
que cruza los semáforos,
que se queda en los charcos
y en los parques vacíos,
como se queda en mí
tu voz y el trueno.

martes 28 de abril de 2009

Hasta ahora, principalmente, me he limitado a "colgar" mis poemas en este blog.
Últimamente me surge la necesidad de extenderme un poco más con vosotros, lectores, y explicar así a grandes rasgos, la causa o consecuencia de dichos versos. Lo hice también en el post anterior en el que hablaba de un lugar (la localidad de Juslibol) que me había inspirado en ese caso dicho poema.
No sé, quizá he estado mucho tiempo reteniendo mis palabras, en una época difícil personalmente y, sobre todo, de búsqueda de equilibrio emocional (soy Libra, astrológicamente hablando, y dicen de nosotros que siempre andamos buscándolo, el equilibrio, insisto, mientras los platillos de la balanza se mueven hacia un lado y otro continuamente, desestabilizándonos).
La escalera (tema que trato en este nuevo poema) es un elemento con el que sueño reiteradamente desde mi niñez y todos sabemos que es el símbolo del ascenso y descenso de nuestro estado material y moral y también, quizá, el arrepentimiento o la inseguridad de lo que estamos haciendo en el caso de bajar por ella.
Aprovecho esta especie de "confesión virtual" para agradeceros a vosotros, que ahora estáis delante de estas palabras que yo he tecleado a través de una simple máquina, pero fruto de lo más profundo de mí, el interés prestado, el tiempo invertido en la lectura de mis versos o de mis reflexiones, en otros casos.
Gracias, sobre todo, a los que me leéis detenidamente, pero también a los que echáis un vistazo sin más a alguno de mis poemas mientras miráis vuestro reloj porque "el tiempo apremia".
Gracias porque, de una manera u otra, tengo la satisfacción de que siempre quedará en vosotros un pequeño poso de mí.


La vida me empujó escaleras abajo.

Ella aguardaba en medio
con el ajuar bordado entre manos de madre
y un manojo de hilos de colores.

Yo miraba hacia arriba
esperando encontrar el cúmulo de estrellas
del que hablaban los libros,
pero sólo veía
el viejo tragaluz
recubierto de polvo y telarañas.

Observaba impaciente a ambos lados
ansiando los frutos de mi imaginación,
pero a derecha
topaba siempre con la misma pared
amarillenta y sucia
y, por contra, a mi izquierda,
con aquel pasamanos
inflamado de historias de niños tristes
y hombres que envejecían
decepcionadamente.

¿Dónde estaban los diques y el agua inmensa,
los guijarros del río entre los juncos,
la cumbre de los montes perfilada de nieve?

La vida me empuja escaleras abajo
y yo la contradigo y me deshago,
mientras queda esa huella,
ese rastro de sangre en los peldaños.



lunes 20 de abril de 2009

"Deus o vol" (Dios lo quiere) fue el grito de guerra cruzada que el rey de Aragón, Pedro I, profirió en el año 1101, fortificando a unos 6 km. de Zaragoza, el lugar que ahora es la localidad de Juslibol y al que debe su nombre.
El casco urbano de este pueblo se levanta sobre laderas, lo que impide cualquier tipo de desarrollo urbanístico pues la zona de huertas de alrededor es innundable. Su posición elevada le permitía controlar la vega del Ebro, protegiéndolo de las riadas. El hecho de que algunos de sus habitantes vivan actualmente en casas-cueva hace a este sitio todavía más peculiar.

Fruto de mis paseos hasta allí y por allí, sobre todo paseos solitarios y vespertinos y en días y horas que yo preveo de poca agitación en el corazón del pueblo, es este poema y esta fotografía.


Cúmulos blancos avanzan lentamente.
Van buscando su sitio.

Este abandono de voces y presencias
me ofrece su empedrado,
sus cuestas
y su acequia
escondida entre el barro
y la maleza húmeda.

Vamos buscando el rumbo,
las preguntas,
la respuesta sabida de antemano
y con la que nacemos
-doble presentimiento
de vida y muerte-.

La cigueña no espera nuestra ruta
y el suelo de la iglesia
nos devuelve dos ecos
un ruido en la tarima de zapatos manchados,
palabras de campana de Jueves Santo.

Confieso ante el altar
de este rojizo atardecer en calma
que a veces me parece
que el hombre es para el hombre
la dura dentellada,
un perfecto entramado de cañas y de hierba
ese nido vacío
que aguarda allá en la altura.

miércoles 8 de abril de 2009


Suelo y pared bajo techo de arena,
montonada de arena
que se adentra en los ojos,
arena movediza
que sujeta los pies.

Escorpión que camina sobre el reloj de arena
dejando su veneno en el cristal.

Arena entre los dientes.
Arena y cal en el plato diario.
Arena y sal.

Sal en en la llaga de los hombres descalzos,
los que no hallan el mar
bajo los pasos del desierto.

lunes 23 de marzo de 2009

"Amor fugitivo" Mármol (A.Rodin)


Avanzan tus labios,
retroceden mis piernas,
arqueo las rodillas cual guerrero
que se deja vencer.

El viento del deseo
nos anuncia la tregua
y se rinden mis muslos
heridos ya de ti.

Tiritan las telas y se mezcla en el aire
el triunfo y la derrota de los cuerpos,
tu ejército de formas,
mis huecos ya sin hueco,
territorio y batalla,
la piel contra la piel.