A PEPE MONTERO
Nunca podré dedicarte una calle, (esa calle que hace tiempo pedías), espero que esto sea para ti un pequeño callejón, una simple esquina o, si tú quieres, una enorme avenida.
"Me gustas cuando callas porque estás como ausente....y mi voz no te toca" escribía Neruda.
A mí, tú me gustas cuando hablas, cuando escribes y cuando te haces torero, "sireno" o matador.
Cuando tu voz sí me toca y ese "tun tun" grave que sale de tu garganta me lleva a tu extrarradio y a uno de los radios de tu corazón, de tu corazón partido, mitad algodón, mitad hojalata.
Me gusta cuando dejo tierra y toco agua, agua y mar en tus ojos "de besugo" (como tú mismo dices), esos ojos altivos, provocadores, esos ojos que fulminan y que incitan a pescar estrellas asimétricas mezcladas entre flores de lis y palabras malsonantes.
Y me gustas también cuando te subes al trapecio y saltas, cuando volteas las letras realizando a la perfección un triple salto mortal, cuando cocinas a fuego lento ese pastel de canela y vinagre, ese brioche de metáforas hermosas y exabruptos diversos, invitando al que quiera a un buen pedazo comido con las manos y acompañado de un vasito de licor "del bueno".(¡Eso sí, deberías advertir que su consumo continuo deja un sabor de boca mitad dulce, mitad agrio, que cuesta mucho que te desaparezca de algunas zonas de la lengua).
Sigue Pepe, sigue con tus piropos lascivos, con tu pluma revolucionaria, sigue alisando penas y rizando el rizo, alborotando nuestras cabezas y haciéndole al mundo el traje más divertido y más extravagante que se te venga en gana, mientras te enamoras y te desenamoras de esa mujer divina, pero terrenal, que se cuela por el ojo de la aguja con la que coses la tela extendida en tu estudio-taller o en tu taller- estudio.
Al fin y al cabo, hablamos de lo mismo.